La jornada era más que nunca festiva. El club de Cerdanyola celebraba su reciente constitución oficial, los asistentes celebrábamos al tiempo el final de la temporada y, además, queríamos homenajear de alguna forma a ese grandullón local que, en plena etapa personal de saturación de trabajo y con dos criaturas que absorben más que dos comodines en un atril, allí estaría haciéndonos de hospitalario anfitrión y jurado.
A pesar del extraordinario ambiente de festividad, aderezado por la visita de innumerables jugones que rieron, jugaron y co-arbitraron por igual (el torneo con más personal técnico por número de jugadores jamás visto), la competitividad no bajó un ápice, ni entre los habituados a batirse por los primeros puestos (¿alguna vez bajan la guardia?), ni entre aquéllos que, por primera vez, se veían en posición de disputar una gran final.
Las espadas en alto. Comienza la final copera.
El sorteo depara dos grupos que en principio parecen desiguales. En el primer grupo entran tres de los cuatro grandes favoritos al título, con lo que uno de ellos habrá de quedar fuera (Montse Sánchez, Neme Moreno, Joan Lázaro y Maite Natalías) y se oye un murmullo generalizado cuando se sabe que, el otro gran aspirante entrará en un grupo teóricamente más asequible (Patxi Navarro, Esther Rodríguez, Santi Rosales y Jose María Riera). El pentacampeón de ópenes locales de la temporada, del que se espera que vuelva a ganar casi con el mismo deseo de que no vuelva a hacerlo, recuerda que en Scrabble no hay nada escrito hasta el final.
En el primer grupo, la igualdad pasó a ser manifiesta y no presunta cuando, al final de la mañana, cada uno de los tres favoritos había perdido una partida contra uno de los otros dos y se producía un triple empate a dos, que habría de dirimirse por partida duplicada a muerte súbita. El tenso duelo fue dirigido por Navarro y fue así porque ya no se jugaba nada y porque, efectivamente, en Scrabble no hay nada escrito hasta el final. Rodríguez y Rosales, dos de las grandes revelaciones de esta temporada, habían clasificado a semifinales sin la necesidad de desempatar.
En ese momento del torneo vivíamos un duelo entre tres jugadores, con más de una decena de espectadores al tiempo que corremesas y jurado. La bolsa fue rácana y caprichosa, por lo que las tres primeras rondas fueron bastante obvias. No obstante, el empate que se había mantenido hasta el momento se deshizo cuando Lázaro erró la coordenada y dejó a Moreno y Sánchez disputándose la primera plaza del grupo. En el turno siguiente, una palabra inválida dejó a Sánchez segunda y nos íbamos a comer sabiendo los enfrentamientos de semifinales: Moreno-Rosales y Rodríguez-Sánchez por las cuatro primeras plazas y Lázaro-Riera y Navarro-Natalías por las cuatro últimas.
La comida fue una auténtica fiesta. El reducido número de comensales propició un ambiente muy familiar y permitió hablar con tranquilidad de lo sagrado y lo profano, siendo el tema más recurrente la prolífica y emocionante temporada que hoy despedíamos. Y a los postres llegó la sorpresa. Los miembros del club de Cerdanyola (y muy especialmente Miguel Rivera) se vieron sorprendidos por unas tartas heladas y unas botellas de cava, con soplado de velas, aplausos y cánticos incluidos. El día era una reproducción en miniatura de lo que había sido la temporada: muchísimo de competición y mucho también de emoción, celebración y confraternidad.
Los cruces de semifinales no depararon sorpresas y se metieron en la final los dos jugadores más en forma del momento, un Neme Moreno subcampeón (y campeón de duplicada) en Mallorca y en continua progresión y una Montse Sánchez campeona de España y del último torneo celebrado, en El Prat. En la ronda final volvió a haber sorpresas, que dejaron la clasificación final de la siguiente forma:
1. Neme Moreno
2. Montse Sánchez
3. Santi Rosales
4. Esther Rodríguez
5. Joan Lázaro
6. Patxi Navarro
7. Jose María Riera
8. Maite Natalías
Neme Moreno conseguía por fin, después de más de tres años compitiendo y aspirando a todo, su primera victoria, precisamente en casa y en uno de los torneos grandes de la temporada. La alegría fue generalizada y densa la ovación, pues ya hacía mucho que venía preparándose para llegar a lo más alto y por fin ingresaba en el grupo de casi treinta campeones de la historia competitiva de la AJS.
¡Felicidades, campeón!
Y muchísimas gracias a Miguel, Tavi, Alicia, Glòria, Arantxa, Enric y Alejandro, por su presencia, su asistencia técnica y su demostración de que este juego está para vivirlo, incluso al margen de la competición.
A pesar del extraordinario ambiente de festividad, aderezado por la visita de innumerables jugones que rieron, jugaron y co-arbitraron por igual (el torneo con más personal técnico por número de jugadores jamás visto), la competitividad no bajó un ápice, ni entre los habituados a batirse por los primeros puestos (¿alguna vez bajan la guardia?), ni entre aquéllos que, por primera vez, se veían en posición de disputar una gran final.
Las espadas en alto. Comienza la final copera.
El sorteo depara dos grupos que en principio parecen desiguales. En el primer grupo entran tres de los cuatro grandes favoritos al título, con lo que uno de ellos habrá de quedar fuera (Montse Sánchez, Neme Moreno, Joan Lázaro y Maite Natalías) y se oye un murmullo generalizado cuando se sabe que, el otro gran aspirante entrará en un grupo teóricamente más asequible (Patxi Navarro, Esther Rodríguez, Santi Rosales y Jose María Riera). El pentacampeón de ópenes locales de la temporada, del que se espera que vuelva a ganar casi con el mismo deseo de que no vuelva a hacerlo, recuerda que en Scrabble no hay nada escrito hasta el final.
En el primer grupo, la igualdad pasó a ser manifiesta y no presunta cuando, al final de la mañana, cada uno de los tres favoritos había perdido una partida contra uno de los otros dos y se producía un triple empate a dos, que habría de dirimirse por partida duplicada a muerte súbita. El tenso duelo fue dirigido por Navarro y fue así porque ya no se jugaba nada y porque, efectivamente, en Scrabble no hay nada escrito hasta el final. Rodríguez y Rosales, dos de las grandes revelaciones de esta temporada, habían clasificado a semifinales sin la necesidad de desempatar.
En ese momento del torneo vivíamos un duelo entre tres jugadores, con más de una decena de espectadores al tiempo que corremesas y jurado. La bolsa fue rácana y caprichosa, por lo que las tres primeras rondas fueron bastante obvias. No obstante, el empate que se había mantenido hasta el momento se deshizo cuando Lázaro erró la coordenada y dejó a Moreno y Sánchez disputándose la primera plaza del grupo. En el turno siguiente, una palabra inválida dejó a Sánchez segunda y nos íbamos a comer sabiendo los enfrentamientos de semifinales: Moreno-Rosales y Rodríguez-Sánchez por las cuatro primeras plazas y Lázaro-Riera y Navarro-Natalías por las cuatro últimas.
La comida fue una auténtica fiesta. El reducido número de comensales propició un ambiente muy familiar y permitió hablar con tranquilidad de lo sagrado y lo profano, siendo el tema más recurrente la prolífica y emocionante temporada que hoy despedíamos. Y a los postres llegó la sorpresa. Los miembros del club de Cerdanyola (y muy especialmente Miguel Rivera) se vieron sorprendidos por unas tartas heladas y unas botellas de cava, con soplado de velas, aplausos y cánticos incluidos. El día era una reproducción en miniatura de lo que había sido la temporada: muchísimo de competición y mucho también de emoción, celebración y confraternidad.
Los cruces de semifinales no depararon sorpresas y se metieron en la final los dos jugadores más en forma del momento, un Neme Moreno subcampeón (y campeón de duplicada) en Mallorca y en continua progresión y una Montse Sánchez campeona de España y del último torneo celebrado, en El Prat. En la ronda final volvió a haber sorpresas, que dejaron la clasificación final de la siguiente forma:
1. Neme Moreno
2. Montse Sánchez
3. Santi Rosales
4. Esther Rodríguez
5. Joan Lázaro
6. Patxi Navarro
7. Jose María Riera
8. Maite Natalías
Neme Moreno conseguía por fin, después de más de tres años compitiendo y aspirando a todo, su primera victoria, precisamente en casa y en uno de los torneos grandes de la temporada. La alegría fue generalizada y densa la ovación, pues ya hacía mucho que venía preparándose para llegar a lo más alto y por fin ingresaba en el grupo de casi treinta campeones de la historia competitiva de la AJS.
¡Felicidades, campeón!
Y muchísimas gracias a Miguel, Tavi, Alicia, Glòria, Arantxa, Enric y Alejandro, por su presencia, su asistencia técnica y su demostración de que este juego está para vivirlo, incluso al margen de la competición.
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